Leonor, nuestra protagonista, de 22 años es la hija mediana de una familia tradicional. Por encima suya está su hermana Paula de 24 años y por debajo su hermano Sebastián de 6 años.
Leonor está finalizando su licenciatura en Psicología, mientras que Paula acabó su carrera de Filosofía hace un año y oposita para técnico de la administración del Estado.
La madre de Leonor, Carmen, es ama de casa y el padre, Carlos, es consultor de una multinacional dedicada al asesoramiento en temas sociales a gobiernos de América Latina.
Desde la más temprana infancia hasta ahora la vida de las tres mujeres de la casa ha estado centrada en la imposibilidad de llegar a la figura paterna, tanto mental como físicamente.
Esto llevó a luchas internas entre las tres hasta la llegada al mundo del pequeño Sebastián que provocó un refugio afectivo tanto para la madre como para Paula, la hermana mayor, aunque no solucionó el amor frustrado de Leonor.
En el momento en que Sebastián apareció, la madre proyectó el amor no correspondido de su marido con su vástago, mientras que en esa época Paula empezaba a tontear con chicos. Leonor se quedó en un vacio afectivo dentro de su propia familia ya que cada uno estaba ocupado en cubrir sus propias necesidades.
En ese momento Leonor tuvo que superar el rechazo que le suponía el fracaso que le transmitía su madre teniendo un hijo con su padre, el cual debido a su trabajo nunca estaba en casa, y el de su propia hermana que resolvía sus carencias afectivas hacía el género masculino con continuas aventuras sexuales.
Según pasaba el tiempo y Sebastián se hacía mayor, el tiempo que pasaba Carlos en casa se lo dedicaba por completo a su pequeño Sebastián. Esta situación fue perfectamente entendida por la madre y la hermana mayor que dedicaron tiempo para canalizar su amor hacía diferentes figuras masculinas. En el caso de la madre hacía Sebastián y en el caso de Paula hacía un semi-novio. Sin embargo Leonor seguía sin encontrar un vehículo accesible y apropiado por y para querer.
Leonor se sentía bloqueada afectivamente. Quería querer pero nadie le había enseñado nunca a hacerlo. No tenía una figura masculina que le transmitiera reciprocidad afectiva. Su padre por no estar nunca en casa, ser un hombre distante y poco comunicativo y Sebastián era absolutamente inaccesible ya que era terreno de la madre y ocasionalmente del padre.
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